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EDIFY | July 25, 2017

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BITÁCORA 28 | ARQUITECTURA, CIUDAD Y OSCURIDAD

BITÁCORA 28 | ARQUITECTURA, CIUDAD Y OSCURIDAD

ARQUITECTURA, CIUDAD Y OSCURIDAD / Joachim Schlör: As the dawn draws ever nearer / A. Roger Ekirch: Fortificaciones domésticas / Alejandra Contreras: La noche y la Ciudad de México / David Caralt: La noche metropolitana a finales del siglo XIX / Luis Müller: Los hilvanes del sastre / Ángela Baldellou: Museo moderno vs. Museo contemporáneo / Andrés Avilés: Cinemas británicos / Juan Miró y Juan Luis de las Rivas: Landscape City


El negro tiene posibilidades insospechadas
y, atento a lo que ignoro,
voy a su encuentro
Pierre Soulages

Editorial
Cristina López Uribe

Indagar sobre la oscuridad nos obliga a poner atención a la mitad de nuestra existencia que solemos pasar por alto. Estamos dormidos, o aturdidos en un mundo de iluminación artificial que intenta recrear la luz del día, la mayor parte de este tiempo en el que nuestro mundo experimenta miles de variaciones climáticas, cromáticas y físicas. Gran parte de las investigaciones, no sólo sobre nuestras ciudades, nuestra arquitectura y nuestro paisaje, sino sobre otras ciencias del conocimiento, se centran en el mundo experimentado de día, bajo la luz del sol. Pensamos que conocer algo es verlo a la luz, que lo que no podemos ver no lo podemos conocer.

Le Corbusier dijo a principio de los años veinte: “la arquitectura es el sabio juego, correcto y magnífico de los volumenes bajo la luz”, podríamos entender entonces que de noche no hay arquitectura, o que en un mundo sin iluminación artificial, la arquitectura dependería de la luz de la luna para existir, pero entonces desaparecería en las noches sin luna.

Algo sucede de noche que cambia completamente la percepción que tenemos de las cosas; la transparencia de la arquitectura moderna, en este mundo de luz eléctrica pierde sus características al adquirir la contraria: se vuelve brillante.

Lo reflejante se hace transparente. Un edificio de muchos detalles volumétricos se convierte en plano. Los edificios altos escapan de nuestra vista entre las sombras. Las calles se iluminan y se ven con mayor claridad los pavimentos, las texturas.

Cuando la historia se ha encargado de la noche y de la oscuridad, generalmente lo ha hecho desde el punto de vista de la iluminación, del progresivo logro de iluminar las ciudades, sinónimo de progreso. Pocos han sido los que han hecho la historia desde el punto de vista de la oscuridad, desde la forma en la que los hombres se han enfrentado a la noche, de su relación con un evento con una importancia cosmológica real.

La noche y la oscuridad han sido asociadas por el hombre -de forma natural- con sensaciones negativas como inseguridad y temor, sobre todo el más grande de todos: el miedo a lo desconocido. Cualquier cosa podía suceder de noche; es el territorio donde viven todos los monstruos y los terrores de nuestros antepasados, y donde hacen su aparición los magos y brujos que protegen contra los entes que son inmateriales -porque no los podemos ver.

Estas afirmaciones, que pueden parecer antiguas para nosotros, siguen siendo vigentes. En la actualidad seguimos asociando la luz nocturna con la seguridad, cuando las evidencias muestran que durante la noche ocurren muchos menos crímenes.

Pero hay un encanto en la oscuridad que estimula nuestros sentidos. Escritores como Baudelaire y Poe nos han enseñado en sus multiples sutilezas este goce por el misterio, la fascinación en el riesgo que acompaña la oscuridad en sus multiples matices, experimentada en un paseo urbano nocturno. Todavía podemos vivir estas experiencias, a pesar de que cada vez más la intención es iluminar nuestras ciudades, como si fuera de día. Como lo explica Fernando González Gortázar: “hemos perdido la noche, la hemos perdido, no podemos disfrutarla, se ha vuelto el espacio del miedo; esto es para llorar. Y muchas autoridades, a veces por simple mojigatería que hace que la vean ‘pecaminosa’, combaten la vida nocturna, sin entender que la mejor forma de tener una noche segura es teniendo una noche usada, disfrutada, activa, concurrida.”

En un sentido metafórico el tema propuesto también podría servir como pretexto para desvelar lo oculto, estudiar las cosas en la profundidad de la oscuridad en la que se han mantenido, entendiendolas ahí, sin sacarlas a la luz e introducirlas a una explicación clara y luminosa, en su escondite oscuro y fascinante.


BITÁCORA es una revista académica arbitrada de la Facultad de Arquitectura de la UNAM surgida en 1999, especializada en el estudio crítico, teórico e histórico de la arquitectura, diseño industrial, la arquitectura de paisaje, el urbanismo y el arte desde múltiples disciplinas. Con tres números al año, su orientación es la divulgación y está dirigida a un amplio público académico y profesional como arquitectos, filósofos, urbanistas, diseñadores, artistas; historiadores, críticos y teóricos del arte, de la arquitectura y de las ciencias humanas; así como a cualquier interesado en las temáticas propuestas.

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