Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

EDIFY | March 29, 2017

Scroll to top

Top

No Comments

BITÁCORA 29 | arquitectura, ciudad y luz

BITÁCORA 29 | arquitectura, ciudad y luz

Cristina López Uribe
EDITORIAL

En el número anterior indagamos sobre la oscuridad en nuestra arquitectura y en nuestras ciudades. En comparación, la luz puede parecer un tema más conocido y estudiado –más evidente–, pero como sucede a menudo con muchos de los aspectos fundamentales de nuestra existencia, solemos ser indiferentes a su obvia presencia.

Vivimos en un mundo que privilegia la vista –posible sólo gracias a la luz– sobre los otros sentidos. De forma natural, el mundo se nos presenta bañado de sutiles cambios de matices de luz; ésta nos cobija durante el día al estar acompañada de calor y energía: la luz significa vida.

El presuntuoso trabajo del arquitecto, del diseña dor industrial o del urbanista de transformar el mundo y presentarlo ante los ojos de las personas –ya sea conscientemente o no–, implica la creación y modificación de las distintas iluminaciones que acompañan estos cambios, y su resultado llega a ser más importante en la percepción que los conceptos tradicionales con los que usualmente nuestra mente científica asocia el diseño, como materia, disposición o composición.

La luz es un ente inmaterial que adquiere mucho más sentido que otras abstracciones con las que el diseñador trabaja cotidianamente, como espacio, vacío, o incluso funcionalidad, ritmo, balance, etcétera. La luz también ha tenido la importante responsabilidad de la representación de la arquitectura y de sus disciplinas afines, ya sea a través del manejo de sombras y claroscuros de fachadas o perspectivas, o mediante los medios mecánicos y electrónicos modernos como la fotografía o los renders, impensables sin la luz. No obstante, más allá de la famosa definición de arquitectura de Le Corbusier y de otras frases que rayan en lo poético, en la práctica y en la experiencia la luz
suele ser pasada por alto.

La luz natural ha sido el material con el que algunos arquitectos han desarrollado su maestría y su talento. Los trabajos de Luis Barragán, Peter Zumthor o Tadao Ando son propuestas en materia de luz mucho más que en cualquier otro de los aspectos que normalmente consideramos que rigen a la arquitectura. Ningún material de diseño afecta tanto a nuestra emoción como un preciso y calculado juego de luz, ya sea natural o artificial.

Pocos eventos han tenido un impacto tan grande en la historia de la humanidad como la invención de la luz artificial; hay un tanto de obsceno o transgresor en ello. Los humanos nos atrevimos a violar las leyes de la naturaleza, que nos indican que las labores se hacen durante el día y el descanso en la noche. Iluminamos los espacios que naturalmente han de ser oscuros, tan fuerte ha sido nuestro afán por controlar y racionalizar el mundo en el que vivimos. Los interiores de las edificaciones y el aspecto de nuestras ciudades cambiaron y junto con ellos las actividades cotidianas. Hemos creado otros mundos, que son tan cambiantes como la tonalidad o el tipo de iluminación que las acompañan. Es evidente para nosotros que una plaza es otra distinta cuando cambia la tecnología con la que es iluminada por la noche. Nuestra noche no era la misma cuando la iluminación se componía de pequeñas esferas de cristal con luz de gas que proyectaba sobre los rostros un tono verdoso, ambiente que podemos tan sólo evocar al observar los cuadros del París del siglo xix de pintores como Toulouse Lautrec.

Desde la Exposición Universal de París de 1889 –cuya torre se construyó para iluminar toda la capital– y la de las industrias eléctricas de Barcelona de 1929; desde la glorificación del diseño de las lámparas del art decó o la fascinación de los futuristas italianos por la energía eléctrica, la iluminación artificial ha sido el importante agente que representa la modernización de la vida cotidiana. La conquista de la oscuridad marcó el inicio de la modernidad. Lo desconocido y lo mágico, el temor, se transformaron en seguridad y certeza, en una sensación de saber y de conocerlo todo –aunque ver no signifique conocer.  Tal es la importancia que el ser humano, una especie que como las otras depende de la luz para vivir, le asigna, que un simple foco encendido, por pequeño que sea, en medio de una habitación oscura o en un bosque durante una noche sin luna, hace una diferencia considerable en nuestra sensación de confianza.

La luz significa progreso y modernidad, significa haber conquistado la noche y la oscuridad, lo mágico y lo desconocido. Sin embargo, en la actualidad la magia, ahora de la mano de lo sublime y lo asombroso, está en los espectáculos de luz nocturnos. Es inconcebible una imagen cultural de la ciudad moderna que no incluya la luz de sus anuncios espectaculares y de sus vehículos en movimiento. Al vivir dentro de la monotonía de la vida en las metrópolis, la iluminación nos ha permitido un escape que nos devuelve la ilusión y la fascinación por las cosas que parecen mágicas. La experiencia urbana nocturna actual es un espectáculo de iluminación.

Por otro lado, la prominencia y la espectacularidad bidimensional de los edificios actuales y sus fachadas media parecen transgredir las leyes tridimensionales de la arquitectura tradicional; representan un reto de diseño y de conceptualización, pues son, en su mayoría, sumamente aburridos durante el día.

Para el futuro de nuestras disciplinas debemos tomar en cuenta que la luz, tanto natural como artificial, y sus distintas tonalidades, nos permite ver un mismo objeto desde diferentes puntos de vista. Es decir, un objeto de creación en el espacio es simultáneamente tantos como las distintas formas en que la luz incide en él. Esta experiencia produce en nosotros una multitud de emociones que van modificando continuamente nuestro mundo material: nuestros objetos de estudio jamás son estáticos e inmutables.


ARQUITECTURA, CIUDAD Y LUZ / Ignacio Valero: Fachadas media / Antonio Pizza: Ciudades futuristas / Gustavo Avilés: La iluminación en la experiencia colectiva / Enrique Quintero: La luz y sus efectos / Andrés Ávila: Cinemas en el paisaje urbano nocturno / Marijke van Rosmalen: Crystal Clear City of Glass / Fabiola Hernández Flores: cuerpo de modernidad, cuerpo de publicidad / Vanesa Loya: Luz y sombra construyendo espacio.


Submit a Comment